“Si Yo Fuera…” Una invitación desde la mirada de la Niñez

El pasado 8 de agosto un grupo de 20 niños y niñas conversaron con 30 jueces en la Sala de Honor de la Corte Suprema de Chile. Un acontecimiento inédito en nuestro país donde niños y niñas con familiares privados de libertad, hablaron de su relación de encuentros y desencuentros con el sistema de justicia y por sobretodo, de sus sueños de ser vistos y  escuchados por un mundo que no les da espacio para la participación incidente.

El Proyecto “Si Yo Fuera Juez”, liderado por ONG ENMARCHA y el Poder Judicial de Chile, trabajó durante 4 meses con niños y niñas reconociendo sus experiencias e invitándolos a pensar la justicia que a ellos y ellas les gustaría. El proceso cerró con una actividad donde presentaron diversos productos, acompañados por preguntas y recomendaciones para que los jueces considerarán para actuar desde un enfoque de derechos de la niñez.

“Si ustedes están nerviosos imaginen cómo estamos nosotros”, fue el comentario de una jueza a los niños y niñas presentes ese día y que posiblemente interpretó el parecer de muchos de los asistentes, porque de comienzo a fin el proyecto “Si Yo Fuera Juez” resultó ser un proceso provocador.

Disponerse al diálogo con niños y niñas es una acción que requiere despojarse de la adultez concreta y permitirse soñar. Estar dispuestos a dejarse interpelar por quienes muchas veces no tendrán filtro, quienes van sin prejuicios y sin temor a los títulos rimbombantes. Estar dispuestos a escuchar -aún cuando nos incomode-, verdades dolorosas. “Enfrentarse” a niños y niñas en un espacio de diálogo de iguales puede ser un acto de valentía para quienes ya somos adultos hace tiempo.

Habiendo ya realizado el hito de encuentro entre adultos y niños/as, viene el proceso de más largo aliento. Nos hablaron fuerte y claro, levantando 2 temas  prioritarios: El primero, que todo juez penal nunca olvide preguntar a los adultos que van a privar de libertad si tienen hijos o hijas a su cargo y si arreglaron lo relacionado a sus cuidados. Permitiendo que eso quede estipulado en un documento que garantice la visibilidad de niños y niñas en los procesos judiciales de sus familiares. La segunda acción, habilitar “salas de despedida” en lo tribunales donde los adultos que recibieron una sentencia privativa de libertad puedan reunirse con los niños y niñas a su cargo, en un espacio íntimo para explicarles lo que ocurrirá y  despedirse correctamente.

Ahora para que ese diálogo no quede en palabras muertas y se transforme en un acto reivindicativo de derechos, estas propuestas se convierten en acciones de lucha para nosotros y en un camino que queremos transitar con ellos y ellas.

Para finalizar no puedo dejar de recordar las palabras de Alondra. Cuando le preguntan cómo se sintió hablando en el Palacio de Tribunales ante tantas personas ella dijo: “No tuve vergüenza, porque pude decir lo que pienso, pensé en mi papá y en mí, y sentí que fui libre“…

Sus palabras las sentí como una nueva provocación, para todos quienes trabajamos en directa relación con niños y niñas.

Qué pasaría si comenzamos a preguntarnos más seguido ¿qué harían niños y niñas en nuestro rol? ¿“y si yo fuera niña”?  quizá en ese ejercicio de mirar con ojos de niños/as nos volvemos a sentir libres para elegir caminos que pongan en marcha otras posibilidades posibles.

Que lo que nos enseñó el “Si Yo Fuera Juez”, sea el comienzo de más adultos preguntarse “y si yo fuera…”.

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