ENMARCHA viaja a Argentina para hablar sobre sus experiencias de intervención con niños y niñas con familiares encarcelados.

El botones:

A veces estamos tan acostumbrados a estar en el mismo lugar, que olvidamos lo que sentimos, lo que somos, o por qué hacemos lo que hacemos. Yo soy el botones, estoy aquí cada día, como siempre, ordenando las maletas, trasladándolas de un lado para otro, a veces sin sentido. Pero, así es la vida de un botones.

Aquí transitan viajeros de todas las edades y partes del mundo, con historias tan diversas como sus rostros. Algunos llegan llenos de esperanzas, otros de nostalgia. Algunos reviven una y otra vez historias del pasado que parecían ya olvidadas. Otros, vienen a olvidar esas historias. De una y otra forma, todos cargan alguna maleta que no les permite avanzar, entonces, deciden dejarlas aquí.

Diariamente cargo maletas negras, lilas, amarillas, de todas formas y colores. Maletas que fueron abandonadas por viajeros que transitan entre los sueños y el alma. Algunos regresan tiempo después a buscarlas, otros no vuelven nunca.

Pero ésta, ésta es especial. Primero me llamó la atención porque la trajeron niños y niñas de todas las edades. Luego no entendí bien, algunos eran tan pequeños que no me explico cómo la cargaron hasta aquí. Intenté moverla una, dos, tres veces, y nada. Hasta que decidí abrirla.

Ahí estaban sus historias. Historias llenas de sueños, miedo e inocencia. ¡Cómo pueden personas tan pequeñas cargar con tanto peso!. Entonces, transité por esas historia de dolor y amor, y en eso recordé que también fui niño una vez, que jugué y reí, que caí y lloré, y dejé mis propias maletas olvidadas en algún rincón de ese entrepiso.

Recordé también, que cuando me sentaba con mi abuelo y me preguntaba cómo estaba o qué había hecho, parecía que mi corazón se hacía más liviano y libre. Entonces decidí darle un sentido a esto que hago. “Han esperado tanto tiempo ser escuchados, que no importa el tiempo que tome… No seré un simple botones” Pensé. Me senté y escuché cada una de sus historias.

Tienen tanto que contarnos y nos hemos dado tan poco tiempo para escucharlos. Pero hoy, que ya lo sabemos, tenemos la posibilidad de hacerlo, y con ello hacer esta maleta más liviana.

Son tantas historias, que necesitamos que todos y todas las escuchen.

Los invito a que me acompañen en la travesía de esta maleta.

Sigue esta historia desde el 24 al 27 de agosto en Biblioteca de Santiago.

Ver evento: https://goo.gl/S1Y54g

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